No podemos hablar de estabilidad articular, sin hacer la
distinción entre estabilidad activa y estabilidad pasiva de la
articulación.
La estabilidad activa, nos vendrá dada por el sistema
músculo-tendinoso, que gracias a la contracción
sinérgica de grupos musculares agonistas y antagonistas y a su
perfecta sincronización provocan lo que podríamos
denominar bloqueo dinámico de la articulación, ya que
esta protección se realiza de una manera dinámica en todo
el recorrido articular gracias a la sincronización de
contracciones musculares que se ponen en evidencia como respuestas
propioceptivas.
Para poderse realizar esta función es necesario que se cumplan
una serie de requisitos y que todos ellos funcionen al unísono,
ya que el fallo de cualquiera de ellos no permitirá que se
proteja la articulación. Los requisitos serán tales como:
la fuerza muscular, la velocidad de contracción muscular, la
compensación de grupos musculares agonistas y antagonistas y la
propiocepción, básicamente.
Cuando por el motivo que sea el sistema músculo-tendinoso no ha
sido capaz de dar la protección adecuada a la
articulación, será el sistema cápsulo-ligamentoso
quien de una forma pasiva (aunque no es pasiva totalmente ya que a
nivel del ligamento los sensores propioceptivos se pondrán de
manifiesto iniciando lo que será la respuesta propioceptiva),
estabilizará la articulación.
El sistema cápsulo-ligamentoso protege las articulaciones
delante de la movilidad normal según unas fuerzas físicas
que siguen los parámetros del organismo humano.
En el caso del deporte en especial del esquí, y concretamente en
la articulación de la rodilla, estos parámetros han
cambiado considerablemente por el hecho de llevar un equipamiento
determinado, que hace aumentar considerablemente las fuerzas sobre la
articulación, recibiendo estos ligamentos unas fuerzas de
dis-tracción superiores a las que están preparadas para
soportar, traduciéndose en una lesión ligamentosa, que
irá desde el esguince leve o grado I, hasta la ruptura
ligamentosa del ligamento o ligamentos que se hayan puesto de
manifiesto, pudiendo ser afectadas otras estructuras
produciéndose lesiones asociadas.
Es evidente que para la práctica del esquí, se deben
cumplir unos requisitos mínimos, que aseguren el perfecto
funcionamiento del sistema músculo-tendinoso como principal
responsable de la estabilización activa de la
articulación, y el músculo no responderá
correctamente si previamente no se ha calentado, no se ha estirado o
está excesivamente cansado, por lo que creo que con el un
calentamiento muscular, unos estiramientos miotensivos y algunas
recomendaciones generales, se favorecería la fisiología
muscular y en consecuencia cumpliría mejor su función
estabilizadora.